Había pasado un año ya desde que Jounie Montiel había escapado de la cárcel envuelta por un cobertor, nadie supo nada mas de ella, todos sus fanáticos la habían olvidado. Pero su manager John no lo hizo. Cuando no supo nada de ella, la buscó en hospitales, cárceles, incluso en la morgue.

Mientras tanto Jounie había vuelto a la humilde casa donde vivió cuando era niña, no tenía nada ni amigos, ni familia, mucho menos fans, lo único que le quedaba era su magia. Jounie cayó en una gran depresión apenas comía; el “ladrón invisible” le había quitado todo, se cegó tanto por la ambición que al final no le quedó nada, salvo su fortuna, pero no le satisfacía.

Pensó que un paseo la haría sentir mejor, así que tomó un auto que había obtenido por una estafa, dio vueltas y vueltas en él, recordaba su vida cuando “Jounie la Magnífica” estaba en la cumbre, los aplausos de su público, sus ilusiones que los dejaba atónitos. Sus ojos se llenaron de lágrimas, era de noche y solo se escuchó un fuerte ruido y los vecinos solo lograron ver un auto estrellado y destruido contra un poste de luz.

Mientras tanto John solo pensaba en Jounie y se preguntaba “¿Qué hice mal, como una chica tan buena como ella pudo terminar así?”, sus ojos se llenaron de lágrimas “diez años mi niña, diez años que te vi crecer de edad, de estatura y de talento”, John estaba muy triste y su tristeza aumentó al recibir una llamada.

Corrió al hospital Estatal, había encontrado a Jounie, pero no como él esperaba, la encontró en estado de coma por el accidente automovilístico, los médicos le dijeron que si no despertaba pronto corría el peligro de muerte. John no sabía que hacer, solo miraba con tristeza y ternura a la pobre chica que estaba inconsciente a su lado.

Pasaron días y semanas y Jounie no despertaba.

John tenía un truco que le enseñaría a Jounie cuando cumpliera veinticinco años, lo practicó y practicó hasta que le salió a la perfección, John llegó al hospital con Jounie, le coloco un pétalo de flor sobre su corazón, pronunció unas palabras y la habitación quedó cubierta de las flores favoritas de Jounie, John estaba orgulloso por su truco, cuando de repente Jounie abrió los ojos, había despertado del coma, John no podía creer lo que miraba, pero su felicidad de esfumó cuando Jounie le preguntó ¿Quién eres tú?, así es Jounie tenía amnesia, no recordaba nada, ni de John, su vida pasada ni de la magia.

John pacientemente le contó su vida, le volvió a enseñar a hacer magia, pero nunca le contó sobre el “ladrón invisible” incluso ocultó todos los diarios donde lo mencionaban, poco a poco Jounie fue aprendiendo de nuevo sus trucos. Pasó un mes y ella sabía hace la mayoría de su magia.

Un día John le pidió un nuevo truco a Jounie, pero cuando lo practicaba encontró un diario que mencionaba al ladrón invisible, todo volvió a su memoria. A John se le estrujo el corazón al escuchar a Jounie gritar “no quiero esa vida, estar huyendo y ocultándome, ya no”, John solo la abrazó, Jounie comenzó a llorar amargamente hasta que se quedó dormida en los brazos de John.
Al día siguiente era el cumpleaños número veintiuno de Jounie y John le tenía una sorpresa y nuestra ilusionista no podía esperar.
John llevó a Jounie al único escenario de las Vegas el cual nunca se había presentado, una enorme multitud la esperaba y Jounie volvió a sonreír al ver a esa gente.

Para un nuevo truco le pidió a John que se acostara en una camilla, tomo un pétalo de flor y se colocó en el corazón de John pronunció unas palabras y al igual que en el hospital el escenario se llenó de flores. John se sentía muy orgulloso de su maga, su niña como le decía, en cuanto a Jounie, aprendió la lección que no necesita una gran fortuna para ser feliz, solo basta de estar rodeada de la gente que te aprecia.

Dulce Letona.
Egresada del Técnico en locución por la universidad Mariano Gálvez, actualmente estudia el último año de licenciatura de ciencias de la comunicación y la misma universidad, le gusta escribir narrativa corta, actuar y producir materiales audiovisuales