por Vanessa Núñez

No basta con tomar una postura para que el arte o cultura trasciendan. Tampoco basta con ser moderado. Lo que cuenta, en definitiva, es que los planteamientos sean novedosos y que las herramientas empleadas para la creación y la transmisión de una idea sean efectivos.

“La pureza del arte es energía” – Marina Abramovich.

“El arte es intemporal, sobrevive al tiempo; la moda es efímera, muere todos los días” – Avelina Lesper.

 

De acuerdo al diccionario de la Real Academia Española, debe entenderse por cultura el “conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico”. Según el mismo diccionario, cabe entender por “cultura popular”, “el conjunto de las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo”.

Así, al hablar de cultura de Guatemala, debemos entender aquel conjunto de conocimientos propios del país, que permiten a sus habitantes desarrollar un juicio crítico con relación a su realidad o, en el caso de la cultura popular, el conjunto de manifestaciones con que se expresa la vida tradicional del pueblo.

La primera pregunta que salta a la vista es si el pueblo guatemalteco ha logrado desarrollar un juicio crítico mediante los conocimientos que le han sido proporcionados a través de la cultura. Las instancias pertinentes para hacerlo son las instituciones gubernamentales encargadas de la educación y la cultura, pero también los medios de comunicación, espectáculos, industrias culturales, artistas e intelectuales.

Los actores antes mencionados son los encargados de tejer el reflejo de la vida cotidiana, visiones políticas, comportamientos sociales, identidades, modelos de lo que significan los roles de género, sociales, el éxito o el fracaso, el poder o el sometimiento, etc., así como de expresar la vida tradicional.

Los medios culturales también construyen la forma en que las personas edifican su sentimiento de clase, etnia, raza, nacionalidad, género, pertenencia, etc.

En definitiva, la cultura define lo que se considera bueno, malo, negativo, positivo, moral o inmoral.

Los generadores de cultura ofrecen historias, imágenes, símbolos, mitos fuentes referenciales que luego pasarán a ser parte de la cultura común a la mayoría. La cultura cuenta con aliados para dicha transmisión. El arte, entendido según el mismo diccionario como la “manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros”, es uno de ellos.

Así, cabe inferir que el arte y la cultura se combinan y poseen un enorme poder evocador y constructor de la forma en que se percibe la realidad.

¿Qué es lo que hoy día reflejan el arte y la cultura en Guatemala? ¿Cómo se está expresando la vida tradicional guatemalteca? ¿Cómo están ayudando ambos a percibir la realidad? ¿Qué clase de conocimientos y juicios críticos formarán en el futuro sus diversas manifestaciones?

La cultura guatemalteca, y la centroamericana en general, han buscado históricamente –aunque siempre han existido excepciones- reflejar sus conflictos socio-políticos.

Dicha tendencia también posee una explicación dado que Centroamérica, en general, ha sido una región extremadamente convulsa y únicamente ha resultado interesante a los centros de poder a partir de sus conflictos sociales, guerras y, hoy día, la violencia.

Por este motivo en Guatemala la cultura se encuentra dividida al igual que la sociedad. Y es obvio, siendo ésta un reflejo de su funcionamiento.

Cada grupo socio-cultural ha tomado una postura política y desde ahí ha decidido hacer suyo o rechazar (las más de las veces ignorar) el imaginario que hoy se plantea. O, mejor dicho, ha decidido rechazar o hacer suyo el acontecer político y social de la nación.

Esta situación que en ciencias sociales se denomina “polarización”, explica la existencia de conflictos como el resultado de un conflicto central entre diferentes sectores de la sociedad. O, en el caso de las ciencias políticas, se explica como el proceso mediante el cual la opinión pública se divide en posturas totalmente opuestas o antagónicas. Lo importante en ambos casos es que, como consecuencia de la polarización, las voces moderadas pierden influencia y sus ideas, que también forman parte de la realidad, dejan de ser vistas. Y en el arte y la cultura, que constituyen procesos sociales, ocurre lo mismo.

En el caso de Guatemala, un grupo utiliza la cultura y el arte para hacer valer su visión del mundo y buscar la generación de cambios sociales estructurales, mientras el otro busca preservar el status quo, concibiendo el arte muchas veces como simple entretención, esparcimiento o la mera búsqueda de la belleza, sin referencia a la realidad guatemalteca. El tercer grupo, por su parte, busca formas de expresar visiones alternativas a las dos anteriores.

Nadie duda de la capacidad que poseen el arte y la cultura para transformar el mundo. Tal como lo dice el título de uno de los poemas de Gabriel Celaya (1911), poeta español de posguerra: “La poesía es un arma cargada de futuro”. Y es cierto. La poesía, el arte, la cultura, la formación de criterios son, sin duda, los precursores del pensamiento que en diez o veinte años germinará en acción. Pero no se trata de cualquier arte o cualquier cultura, sino de aquellos que logren amalgamarse al inconsciente del otro, dando oportunidad a que participe, sin anteponer información ni conceptos, permitiendo que éste llegue a sus propias conclusiones desde su sensibilidad. No se trata pues de carecer de posturas, sino de las formas en que éstas son transmitidas, muchas de las cuales no coinciden con la coyuntura o el mainstream.

Es decir, no basta con tomar una postura para que el arte o la cultura trasciendan. Tampoco basta con ser moderados. Lo que cuenta, en definitiva, es que los planteamientos sean novedosos y que las herramientas empleadas para la creación y la transmisión de una idea sean efectivos.

El arte y la cultura, vistos desde una dimensión cultural futura, pueden gestar el rompimiento de barreras sociales o pueden gestar el infierno que invocan. Todos los bandos defienden lo que consideran su verdad. Lo que varía son los medios y los ideales.

Así las cosas, en el caso concreto de Guatemala, vale la pena cuestionarse cuál es el arte que logrará trascender, cuál será la semilla que germinará. Ya no cuál de las dos (o las tres, si es que el centro cuenta), sino de qué tipo.

Quizá la respuesta logremos encontrarla al convertirnos en simples observadores del arte y la cultura, utilizando como referente principal el impacto que una obra o idea tiene en cada uno, sin homogenizar, sin alinear y sin temor a expresar nuestra opinión.

 

Vanessa Núñez

Abogada, escritora, docente y editora. Nacida en El Salvador, reside actualmente en Guatemala. Ha publicado novelas y cuentos en diversas antologías y revistas de países tales como España, Francia, Alemania, Suiza, Estados Unidos, Colombia, Nicaragua, Costa Rica, El Salvador, Guatemala y México.

Actualmente es columnista de la revista Contrapoder y coordina la iniciativa de artistas e intelectuales MirArte.