Por Rodrigo Arenas-Carter y Manuel Tzoc.

“Hay un cliché que el performance tiene que ser visceral”

Conversamos con el artista cubano un día antes de su presentación en Proyecto Poporopo.

Rodrigo Arenas-Carter/Manuel Tzoc: Acerca de tus inicios, ¿qué fue lo que te llevó a realizar performance?

Carlos Martiel: El 2007 estaba en la academia, concentrado en dibujar con pigmentos alterados con vinagre, café, sangre, cera de velas, o sea materiales no convencionales. Luego me enfoqué en el dibujo con sangre, pero era un problema porque tenía que ir al policlínico a pedir que me sacaran sangre. Habían días en que me sacaban la cantidad que necesitaba, otros en los que no, e incluso otros en los que no me sacaban nada. Todo eso me alertó de lo importante que era para mí el cuerpo. Así empecé a trabajar.

Fotografía cortesía de Carlos Martiel

Fotografía por Bernardo Euler

RAC/MT: En tus primeras obras el mar juega un papel fundamental. ¿De dónde vino ese interés?

CM: Primero que nada, soy cubano y en Cuba estamos determinados por la condición insular, quizás porque en ningún otro país del mundo el vivir en una isla te convierte en prisionero del país. En cierto momento, si eras un ciudadano común no podías salir, transformándote tu también en una isla. Esto chocaba con el afán de expandirme y de crecer que sentía en ese momento. Y dicha situación tiene una alta dosis de dramatismo, porque la opción que tienes es lanzarte al mar, cosa que ha llevado a un montón de personas a la muerte.

RAC/MT: Siguiendo la línea anterior, pero yendo a tus trabajos más recientes, hemos detectado el constante uso del recurso de intervenir la piel por medio de elementos punzantes como agujas, medallas, etc. ¿De dónde viene esta idea?

CM: Cuando empecé a trabajar, me concentré mucho en el tema de los ritos de iniciación tribal, en los que se somete a los hombres a sacrificios para integrarlos a la sociedad como hombres nuevos. Todo eso me ayudó a entender mi cuerpo, tomando en cuenta que, en esa época, yo estaba en la edad en la que me hubiera correspondido pasar por dichos rituales. Eso sí, yo he trabajado con hilos y agujas pero en diferentes momentos de mi carrera, aunque creo que el uso de esos recursos es un capítulo algo cerrado para mí.

RAC/MT: ¿Qué es lo que te lleva a realizar una pieza motivada por el Pueblo Garífuna?

CM: Yo siento que hay cosas que tengo que decir, porque soy negro, y porque la historia ha sido demasiado tergiversada e injusta. Veo como en nuestro continente, en especial en Centro y América del Sur, tienen poblaciones negras que han sido marginadas en la costa, en la periferia. Muchas veces se habla de la alegría de esos pueblos, pero esa alegría, ¿de dónde sale? De no tener nada, de estar al límite, inventarse un mundo y creerse un mundo. Creo que de ahí proviene esta pieza.

Cuando recibí la invitación para ir a Guatemala, pensé en qué obra podía presentar. No me interesa hablar de la violencia, porque ya hay artistas guatemaltecos que cumplen muy bien con esa labor, pero el tema Garífuna me resultó muy afín. Piensa que yo provengo de migrantes de Jamaica y Haití que se juntaron en Cuba.

Yo siento que hay cosas que tengo que decir, porque soy negro, y porque la historia ha sido demasiado tergiversada e injusta

RAC/MT: Sobre el tema de la migración, ¿Cómo ves la situación de ellos a nivel global?

CM: Si el mundo no cambia, estamos jodidos. Desde un punto de vista muy personal, lo único diferente de estar acá, a estar en Ecuador, es una bandera. Las naciones son una cosa forzada, porque el mundo está cambiando pero las fronteras generan muertes masivas en África y en el Mediterráneo. El planeta evoluciona y las personas se mueven porque desde siempre hemos sido nómadas. Por ende, las fronteras y sus regulaciones generan conflicto. Y las naciones no saben qué hacer, porque se han estructurado tanto en la idea de limitarse territorialmente, que este mundo no tiene a dónde ir si seguimos por ese camino.

RAC/MT: Hablando un poco más sobre Latinoamérica, y ahora que estás viviendo en Nueva York, ¿tú percibes que la performance latinoamericana posee ciertas particularidades que la hacen diferente al resto? Es una teoría que yo tengo [Rodrigo], debido básicamente a que en nuestra cultura la relación rutinaria con el cuerpo es más cercana, además de una historia de ritos que llevamos detrás, entre otras razones.

CM: Hay diferencias, primero porque son contextos distintos. A mí no me gusta mucho ir a ver performance en Nueva York, porque creo que hay una relación con el cuerpo demasiado objetual, demasiado externa, y además hay mucha importancia de lo oral. Leer poesía se considera performance. No veo en la actividad performática neoyorkina una relación directa con el propio cuerpo. Y, esto a veces también sucede en Latinoamérica, pero en ese caso sí percibo una relación más cercana con el cuerpo. Sin embargo, a mi no me gusta categorizar.

Fotografía cortesía de Carlos Martiel

Fotografía por Bernardo Euler

RAC/MT: Vamos un poco al tema de las condiciones de trabajo de los artistas de performance. Últimamente, el tema de los derechos de autor en esta área ha estado en el tapete debido a las demandas de Orlan a Lady Gaga y de Ulay a Marina Abramovic. ¿Cuál es tu visión acerca de este panorama?

CM: No me he detenido a pensar mucho sobre ese asunto, quizás porque actualmente existe una cultura de la copia. Hay tanta información, tantas imágenes, y tan poco tiempo para reflexionar sobre ellas, que cualquier cosa que te pongan delante se percibe como nueva. Y en contraposición está esa otra idea de que no hay nada nuevo. Todo esto favorece la apropiación, cosa que es válida en el terreno del arte.

RAC/MT: Y sobre este continuo bombardeo de imágenes y de información, ¿no crees que obliga a los artistas de performance a ir, más que en busca de una buena pieza, a enfocarse en desarrollar un trabajo chocante, en el cuál el cuerpo es llevado al extremo, en vez de hacer que lo chocante esté al servicio de una obra interesante?

CM: Lo chocante siempre ha estado, y es un contenido ha ayudado a hacer relevante a la performance. Muchas veces he presentado proyectos en los que no maltrato mi cuerpo, y los han rechazado. Hay un cliché que el performance tiene que ser visceral y yo, cuando empecé a trabajar, hice lo que hice porque lo he sentido. Casi el 100% de mi trabajo deriva de mi experiencia de vida, incluso aunque hable por otro.

Fotografía cortesía de Carlos Martiel

Fotografía por Bernardo Euler

 

La exposición Caribes Negros: La ruta del dolor de Carlos Martiel puede ser visitada en Espacio Alternativo / Proyecto Poporopo (4 calle 7-46, zona 1 Ciudad de Guatemala) de martes a sábado de 17:00-1:00 hrs.