Por Claudia Martínez Méndez

Mientras tomábamos café mi amiga alzaba el brazo como  si fuera antena.

  • ¿Estás buscando señal?
  • No, quiero “Shazamear” la canción, así que cállate.

Obedecí.

Luego me quedé pensando, en cómo las generaciones actuales lo tienen todo ….tan…tan…fácil.

Nosotros, los Millenials (nunca me había considerado una, hasta hace poco que vi un video e irremediablemente me di cuenta que si, que soy una Millenial) la tuvimos difícil. Palidéabamos, como se dice en buena lengua guatemalteca, para conseguir una canción. Ya el simple hecho de saber cuál era el título de la canción y quién la cantaba, significaba un reto. Y un reto en todos los aspectos: La paciencia debía ser tu mejor aliada, calcular la hora en que pasarían el video de la canción que no te podías quitar de la cabeza era imprescindible. Aunque los jóvenes de ahora no lo crean, hubo un tiempo que en en MTV pasaban música, y música de calidad. Si se te pasaba la hora y no pudiste ver el video, también tenías la opción de llamar a la radio y cantarle al locutor un pedacito de la canción. Así que ya sabiendo que iban a pasar la canción en la radio, preparabas tu cassette, lo rebobinabas con el lapicero, y le pedías a todos los santos del cielo que el locutor se callará cuando empezara tu ritual de grabación. Y así, la obtenías. Ahora el reto era que tu cassettera no fallará, ó  no “mascara la cinta” porque eso si era una verdadera tragedia.

No había Youtube, no había Spotify ni Deezer. Eras tú solo contra el mundo musical.

Tuve la suerte de que con mis amigas del colegio nos gustaba el mismo tipo de música (aunque que tire la primera piedra quién no tuvo su etapa reguetonera, era la música que ponían en las kermesses y/ó mañanas deportivas). Pero tú sabías que habían bandas más allá de las que obligatoriamente tenías que ir escuchando en la camioneta camino a casa. Hacías las tareas escuchando “El Placer y el deber” en la Atmósfera. Escuchabas la MetroStereo y si podías mandabas un mensajito porque querías conocer “amigos”. Fuiste a manifestar afuera de la central de radio cuando la comunidad rockera sufrió uno de los más grandes atropellos visto hasta ahora: La Marca 94FM se convertiría en una estación radial de reguetón. Y así oficialmente fueron desapareciendo las radios que se hacían el quite. Pronto desististe de encontrar algo decente mientras sintonizabas el aparato. Lo mejor era hacer tu listita de canciones e ir al Café Internet más cercano a pedirle al buen muchacho que lo atendía que por favor te quemará un disco al cual le cabrían aproximadamente 14 canciones. Si tenías suerte las encontraba todas, si no de una te avisaba: Esa no está, pero encontré el remix. Luego la pelea eterna con el Walkman, si el cd se rayaba aunque fuera un poco, tenías que esperar un mínimo de 10 segundos entre cada túmulo por el que pasaba el vehículo en el que ibas para que el walkman reviviera y volvieran a sonar tus éxitos favoritos. Esos por los que tanto sufriste para atesorarlos.

Los cd’s al final se quedaron en una especie de guardador de plástico que una señora me vendió por Q.10.00. Los veo y en cada uno recuerdo exactamente porqué etapa de mi vida estaba pasando. Luego tarareo una canción y como no se me el título escribo el estribillo completo en Google y automáticamente tengo al autor, el álbum y la fecha de publicación de la canción.

Después de todo lo que hemos pasado, ¿todavía pretenden que los Millenials no estemos enojados? Bueno, no estamos enojados. Pero a veces siento que la tecnología nos llegó muy tarde. Quién sabe, mi primera relación (que fue a distancia) hubiera funcionado si hace diez años ya hubiera existido el Whatsapp y no sólo las noches sin barreras tigo.

 

Claudia Martínez Méndez. Melómana y feminista. Barista frustrada y comunicadora en un futuro.