Por Mónica Pinzón González

El erotismo es un universo infinito, más allá de lo que nuestras mentes imaginan. Las vibraciones que emana son múltiples y sus manifestaciones son perceptibles desde el cuerpo y la sexualidad, pero también desde la espiritualidad vivida como algo interior.

El cuerpo en todas sus dimensiones, es el cascarón de nuestro jaleb´[1] o espíritu. En el cuerpo se manifiestan hallazgos hermosos desde lo que podría llamarse el milagro de la vida. A través de todos los canales sensoriales, emocionales, energéticos, el cuerpo intuye, conoce, sabe e integra lo complejo y lo sencillo de nuestro ser. Ya sea porque integremos desde el malestar nuestro encariñamiento con los síntomas y formas de estar que nos hacen daño, porque lleguemos hasta casos crónicos de enfermedad o porque nos permitamos sentir que es posible vibrar desde otro lugar, desde otro aprendizaje que nos conecte con el fluir de las cosas cotidianas que hacemos.

El ADN de todo el universo está en nuestra células, de ahí nuestra conexión con los otros seres vivos con quienes compartimos cadenas comunes de ADN. Entonces, en realidad: SOMOS POLVO ESTELAR. Es por ello importante recordar quiénes somos y de dónde venimos desde lo más profundo de nuestro ser, y buscar siempre desde los orígenes. Ello, sin duda, nos llevará a reconocernos en el disfrute y el bienestar como condición fundamental de nuestro ser animal/cultura amorosos; no seres violentos, autodestructivos, o racionales sin emociones, como el sistema patriarcal nos impuso ser.

Lo erótico - Q'anil

Lo erótico – Q’anil

Pero el cuerpo que habito, requiere ser conocido y habitado desde el aprendizaje de su propia escucha, re-encontrándome con todas las huellas, silencios, memorias y placeres que me constituyen. El erotismo es vivirse plenamente, pero existen múltiples bloqueos conscientes e inconscientes que no nos permiten vivir desde el deseo íntimo de vivir en la vibración del disfrute. Más bien hemos aprendido a resonar en un erotismo sufriente que nos ha convencido de que solo podemos vivir desde el dolor.

Las vibraciones son frecuencias altas de energía que se concentran y resuenan sensorialmente en cada una de las células de nuestro cuerpo y por ende desde diferentes formas de vivir la sexualidad y el erotismo.

El erotismo del que hablamos, es sexualidad creadora y para ser creadora requiere ser dinámica y transformadora de emocionalidades, creencias, mentalidades y cuerpos. Ello implica universos nuevos de humanidad, otras maneras de recuperar formas vitales o eróticas de vivir para las mujeres y hombres de todos los pueblos.

Si el ejercicio pleno, el principio reciproco y complementario estuviese presente, el mundo de relaciones cotidianas, quizás fuesen más sanas y profundas. Sin embargo, desde la espiritualidad maya, ese puede ser nuestro camino.

Por todo lo anterior las mujeres y hombres indígenas, mestiz@s, negr@s, blanc@s debemos trabajar fuertemente el poder creativo del erotismo, para vivirnos en plenitud, sin culpas, miedos y violencias.

 

¡Entonces a vibrar desde lo erótico!

Mónica Pinzón González[2]

Centro Q’anil[3]

 

Guatemala, julio de 2016

[1]Idioma K´iche que significa espíritu.

[2] Psicóloga social, profesora universitaria en etnopsicología, psicología del género y Nana Maya K´akchikel.

[3] Edición.