“Porque los varones también somos responsables de embarazar niñas y de embarazar mujeres a los 24 años, aún cuando ellas nos han dicho que no”
Médico de unos 65 años de edad
Conferencia sobre enfermedades raras en Ciudad Guatemala
Gabriela y Santiago eran los nombres que había elegido para mis hijxs, en el caso de ser madre, había llegado a un acuerdo en casa para ser madre independiente, como yo lo llamo y para que al llegar ese momento nada ni nadie interrumpiera mi “felicidad”. A los 17 empecé ocasionalmente a investigar sobre feminismo y a los 19 años, lo tomé como algo más propio, desde la escritura y desde procesos de formación, a los 23, por lo menos 5 mujeres entre los 14 y los 20 años de edad se acercaron a mí, preguntando cómo convertirse en feministas y a los 24 años decidí no ser madre, pero esa decisión la había tomado a los 12 años, sólo que no la había manifestado. Nunca jugué con muñecas hasta las vacaciones del 1998 al lado de mis primos, tres varones por cierto.
No me di cuenta de la línea divisoria tan marcada entre feminismo y maternidad hasta que leí sobre la misma pero planteada como un “acto político” con una postura bastante convincente y pertinente a nuestra realidad. Me atrevo a decir que mi decisión es básicamente un hecho, sin embargo no lo será hasta que asuma las medidas necesarias.
Nadie habla mal de su propio rancho.
Siempre que se habla de una maternidad a temprana o a tardía edad, o en realidad siempre que se habla de maternidad, las reacciones suelen ser muy diversas (a pesar de que no le corresponde reaccionar u opinar a nadie, a decir verdad) pero personalmente he notado cierto choque, digamos justificado desde la economía y la sobrepoblación y en un número menor de ocasiones, he notado reacciones positivas; pero elegir ser madre mientras intentas aportar dentro del mundo feminista es a veces un motivo de reacciones de cuestionamiento e inquietud, idea que discrepa totalmente de las consignas que defienden la libertad de elegir de las mujeres, pareciera que el optar por no ser madre, la mantiene a una dentro del estándar feminista, es decir señala que tan feminista eres o no, pero no se aleja de la necesidad de replantear la idea de ser: “madre feminista.”
El feminismo como tal y al igual que la diversidad de elementos que rodean y rigen nuestras acciones políticas, también necesita de reivindicaciones que le vinculen con la realidad, pero esa no es la idea, eso sería parecido a vender la idea de un “feminismo light” sin embargo la sociedad necesita madres feministas y justo en el previo al Día de las Madres podríamos hablar de la imposibilidad o de la posibilidad de que nuestras madres sean feministas o bien, dar un vistazo en lo que suelo llamar las “cloacas del patriarcado”.
De las cloacas del patriarcado a la maternidad
Retomando algunos de mis apuntes anteriores en cuanto a las reacciones o condicionantes que una enfrenta al decidir ser o no ser madre (sin importar un estado civil) podríamos hacer un recorrido que nos llevaría a lugares comunes como:
“Sólo le hicieron el favor”
“Busca quién te haga el favor”
“¿Y el papá se va hacer cargo?”
“¿Y ahora qué vas hacer?”
“Los hijos son bendiciones.”
“Donde comen 3, comen 4.”
“Aunque sea un tu hijo deberías tener”
(pocas veces dicen: “una hija”)
Por años la mal llamada sociedad y nosotras las mismas mujeres hemos ejercido presión sobre la construcción de las mujeres y sus vidas. El mundo (por no decir el patriarcado) nos ha asumido como un vientre ambulante, aprendimos que reproducirse era parte esencial del ciclo de la vida, biológicamente hablando y eso desde que tenemos 6 años, en la escuela pero por qué a veces el escuchar a una amiga decir: “No sé cómo pasó” nos resulta tan fuera de lugar y hasta tonto e inmediatamente acusamos a las mujeres de negligentes y de dejadas pero nos hemos preguntado qué es lo que sucede realmente con el otro responsable del embarazo, a pesar de que por años hemos acusado a los hombres de padecer de miedo a los compromisos o de no querer tener más responsabilidades, pocas veces se nos cruzaría por la mente que una forma de violencia podría estar ligada a la “etapa más bella de la vida de una mujer” independientemente de un embarazo producto de una violación sexual.
¿Te embarazaste por accidente o por qué el destino lo decidió?
¿Se perdieron tus pastillas? ¿Se rompió el condón o él lo había perforado?
¿Tu pareja se niega a usar protección durante las relaciones sexo-genitales?
Bien, estas serían preguntas más inmediatas para identificar un caso de “coerción reproductiva” ¿Conocés a algún hombre que tenga hijos “regados”? Esta sería otra de las situaciones normalizadas por una sociedad machista, “hijos fuera del matrimonio” por citar un ejemplo, es también una forma de violencia la cual negamos o no hemos visto y también porque hemos aprendido que la violencia únicamente se concreta en golpes y agresiones o porque la justificamos con la necesidad del hombre de procrear y su derecho-obligación de ser padre, lo consideramos natural, jamás veríamos violencia en un vientre en gestación, es más; si se trata de un caso de violación la solución jamás sería la posibilidad de un aborto.
¿Y si la embarazo para que se tenga que casar conmigo?
La coerción reproductiva se concreta cuando una mujer es presionada u obligada a embarazarse, con el fin de ejercer poder, control y dominio sobre ella, su cuerpo y su vida. En ellos, dicha patología corresponde a una disfunción emocional o a carencias afectivas en la infancia, sienten la necesidad de tener hijos para encontrar un sentido de identidad en la vida, una inevitable búsqueda de la trascendencia. Obligarte a tener hijos es violencia, ¿Y a ti te presionó tu pareja para quedar embarazada?
Rosario Jerez. (1991) Poeta feminista. Hermeneuta de la melancolía y romántica sin causa.