César Yumán es un joven narrador guatemalteco cuya primer novela titulada ∞ (infinito) fue lanzada en 2015 por la Editorial X. El resultado fue un libro prometedor para la literatura guatemalteca contemporánea bien recibido por el público. Entrevistamos a César para que nos compartiera detalles de sus futuros proyectos y uno de sus micro relatos.

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GtCultura: En 2015 publicaste (∞) Infinito, ¿Cómo fue recibido el libro y cómo fue la experiencia de la primera publicación?

Cesar Yumán: El año pasado culminaron varios proyectos, para empezar me publicaron en EE.UU., ya que gané el III Certamen Literario Latinoamericano de Editorial Paroxismo y en 2015 salió el libro Micro-relatos donde aparece mi antología Retori-k. También me publicaron en Argentina en la antología Peces con Alas de Ediciones Croupier y en algunas revistas, así que el libro que publicó e/X, ∞, fue bien recibido en ciertos círculos, habiéndose agotado en algunas librerías y en Filgua, lo que no lo esperaba.

GtC: ¿Actualmente, ya estás trabajando en un nuevo título?, si es así ¿qué podrías adelantar sobre el mismo?

CY: Trabajando en un nuevo título creo que siempre, pero en especial podría mencionar la novela que me publicará Pato/lógica Editores en 2016 si todo transcurre según el cronograma. En esta creo que continúo creando y ampliando el universo que inicié con Retori-K y con ∞ (Infinito).

GtC: ¿Actualmente qué lees y qué autores han influenciado tu trabajo?

CY: Ahora mismo leo la novela Children of the Jacaranda Tree de la autora iraní Sahar Delijani. Aunque, en cuanto a lecturas generalmente caigo en sobredosis de poetas conocidos y desconocidos, guatemaltecos y extranjeros, creo que la poesía es un lenguaje universal… sin embargo, siempre vuelvo a momentos sueltos en que releo algunos versos también sueltos de Isabel de los Ángeles Ruano, Alejandra Pizarnik, así como fragmentos de algunos de mis libros favoritos… El café de Nadie de Arqueles Vela, o Amberes de Roberto Bolaño.

Por otro lado, no sé si pueda discernir mis influencias de mis tendencias suicidas. Pero creo que puedo sospechar que entre mis condicionantes actuales se encuentra Sui Ishida, mangaka de Tokyo Ghoul.

GtC:  ¿Trabajas en otros proyectos actualmente?

CY: Desde hace algunos meses estoy trabajando en una antología de narradores guatemaltecos nacidos después de 1980. Esta me fue encargada por Editorial Paroxismo, con sede en EE.UU. Hasta el día de hoy he recopilado ya varios textos, pero aún continúo en la búsqueda para hacer una muestra representativa de nuevos autores.

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Micro-relato incluido en Retóri-K

[Introducción a tropos y figuras o schemas de Latinoamérica]

Sinonimia

Cuando era niño, vio algo extraño. Un hombre le disparó a una serpiente y mató a un niño. Es decir, el hombre quiso matar a la serpiente, desde luego acertó, pero quien murió fue un niño. El hombre era un tipo de pelo rojizo y era un chico moreno. El hombre era un extranjero que nunca olvidaría. Sus ojos eran como esas lunas tristes que parecen adheridas a un pedazo de infinito las noches sin estrellas.

El hombre visitó la casa de la montaña. Intentaba ser médico. Después de vivir en África muchos años creyó que esta región del centro de América sería como un paseo tranquilo. Únicamente le interesaba recorrer esos rincones estrambóticos del mundo antes de morir.

Lo primero que notó en la casa fue la sencillez. El techo era de zinc y las paredes de block desnudo. Mucha luz entraba entre el techo y la pared a causa de las vigas que cruzaban la parte superior.

Ahora cuenta esta historia frente a un salón universitario, habla del imaginario latinoamericano, no se atreve a decir que esa historia no es una leyenda, sino que en verdad sucedió cuando era un chico.

Día tras día el niño (bebé) estaba más delgado. Un viejo canoso y blanco, seguramente un extranjero perdido en Latinoamérica, fue quien dijo a este hombre de cabello rojizo que posiblemente una serpiente era la que se bebía la leche del niño. ¿Cómo?, le preguntó, sin embargo, el viejo canoso (medio rubio) le dijo que no sabía y agregó que podía ser un espejismo. Nada en concreto. El sujeto de cabello rojizo sonrió y después de beber su trago salió de esa cantina surgida de algún espejo sucio.

Esa noche caminó hasta la casa del niño que estaba más delgado. Era vecino de ♠. El hombre hizo guardia y nada pasó. Las personas naturalmente eran respetuosas con el médico. Al día siguiente, a la hora del desayuno, se marchó. Volvió a la hora del almuerzo. Pidió estar solo con el niño que dormía. Claro. Lo dejaron. El padre no estaba y la madre tenía a otro par de niños que atender. A las doce del día en punto, cuando el sol se anuncia con su calor de latinoamericano, una serpiente enorme se deslizaba por la viga y se principiaba a colgar de la hamaca donde el niño dormía. El hombre que intentaba ser médico disparó a quemarropa. La serpiente se desvaneció antes de caer al suelo.

¿Y cómo finaliza esa leyenda?, dice una chica que al parecer es irlandesa, al ver que , ahora catedrático universitario de Literatura Latinoamericana, permanece en silencio en medio, quizás, de sus fantasmas. Nada, el niño tenía la bala en el pecho, dice, su espíritu salió a pasear y cuando volvía a su cuerpo el balazo se lo impidió.