La primera entrega de “Radar Poético” en 2017, con los poemas de la escritora guatemalteca Claudia Chinchilla Vettorazi; además de una serie de preguntas y respuestas, que ofrecen una visión sobre la obra de la poeta.

GTCultura: ¿Cómo se da tu acercamiento a la literatura y específicamente a la poesía?

Claudia Chinchilla Vettorazi :A través de la lectura. Mis padres siempre fueron lectores, así que crecí rodeada de libros. En cuanto a las inclinaciones poéticas son, en mi caso, el resultado de inquietudes e inconsistencias personales. Una manera de exorcizarme… Tal vez consideren poco académica la respuesta, pero es que nunca he logrado deslindar el famoso “yo poético” de mi yo personal; en realidad, no creo que exista tal diferencia

GT: ¿Cuáles son tus referentes literarios?

CCV: Muchos. Los clásicos: Neruda, Machado, Withman, Baudelaire, Borges, Vallejo, Darío…. Las mujeres, esas poetas guatemaltecas que nos cambiaron la visión de nosotras mismas como Luz Méndez de la Vega y Ana María Rodas; Romelia Alarcón, Carolina Escobar Sarti, Carmen Matute, Delia Quiñonez; también otras más antiguas como Pepita García Granados y Magdalena Spínola.

Tengo una inclinación, por cuestiones ideológicas, por la poesía comprometida de denuncia, así que allí tengo que agregar a Otto René Castillo, Roberto Obregón, Roque Dalton…

Menciono solo algunos de mis referentes poéticos. La lista sería interminable.

GT: ¿Qué libros te han marcado en los últimos años?

CCV: La novela histórica, sobre todo la de los españoles como Falcones, Pérez-Reverte, Santiago Posteguillo. Aunque leo mucho a Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Sergio Ramírez, Skàrmeta, Márquez. Mujeres: Rosa Montero, Mercedes Serrano, Julia Navarro, Ángeles Mastretta. De los escritores nacionales me encanta don Francisco Pérez de Antón, Tito Monterroso, Cardoza y Aragón, Dante Liano…

¡Uuuufff! A estas alturas ya se dieron cuenta que soy una polígama auténtica…

GT:¿Qué podrías compartir sobre tu quehacer artístico, abarcando participaciones en actividades literarias, publicaciones, etc.?

CCV: ¿El quehacer artístico…?: ¡Sobre tarea! Como dice Ak’abal. Los que escribimos generalmente tenemos que pagarnos solos el vicio. Y aunque nos sentimos vivos al escribir, debemos dedicarnos a otras actividades para comer.

En mi caso, he publicado dos libros, breves: uno de poesía y otro de cuentos. Me han incluido en once o doce antologías impresas y algunas otras, virtuales, en unos cinco o seis países además de Guatemala.

¿Participaciones? En simposios, festivales, congresos, ferias, foros, conversatorios. Agrupaciones y colectivos que nos acarician un poco y nos hacen sentir escritores.

¿Satisfacciones?¡Que te encontrés a alguien por ahí y te diga que ha leído algo tuyo!

poemas

(sin título)

Florecieron -de pronto-

los dedos de mis pies;
se humedeció mi vida
y un fruto prohibido
creció entre mis piernas.
Líquida enredadera
se me trepó en la lengua
y una espada de luz
atravesó mi vientre.
Hurgando en lo secreto
de mi ser descubrí
una veta de ti
enraizada en mis entrañas.
(Del poemario Líquida y elemental, Guatemala 2,005)
Variaciones sobre el mismo tema

I

La poesía
es un agujero negro
florecido en mi galaxia:
Todo en mí
tiende hacia ella.

 

II

La palabra es mi aldea,
mi pueblo, mi país;
el recodo final
de todos mis caminos.

La palabra es mi fe
mi dogma, mi religión;
el soplo que me mata,
el aliento que me resucita,

Mi Zahir.
III

La poesía
es una manera ingenua de definirnos:

Detrás de cada verso
nos insinuamos
y vamos desnudándonos
al término de cada estrofa.

Con o sin rima,
un jirón del alma
se queda prendido
en el papel.

En cada poema
nos agitamos,
caemos, cual trémula gota,
sobre la hoja,
desangrándonos.

La poesía es una trampa.
Una regurgitación.

Una necesidad absurda
de perdernos y encontrarnos,
de reconocernos,
de palparnos.

Es la forma más terca
de masturbarnos.

La poesía
es un manifiesto impúdico
y si la publicamos
es porque todavía nos avergüenza
salir desnudos a la calle.

A los poetas

Alguna vez
fuimos solo
palabra delirante,
pámpano tembloroso
que se adelanta al fruto.
Ansiosa e inasible palabra.
Balbuceo aleteando
en los desaciertos del tiempo.
Alguna vez
fuimos solo gota purpúrea
en el vértice agudísimo de la esperanza.
Un soplo nos inquietó…
Y aquella exhalación
suspendida en la punta
de la lengua de dios
nos empujó al abismo perenne
de la hoja.
Fue entonces
que en el desorden que aún es,
y en la vacuidad,
hallamos un asidero
en la poesía.

XX

Blasfemia mía
– ¡indudable! –
encontrar luz
en tus manos oscuras
y revelación
en tus ojos tenebrosos.
¡Blasfemia mía!
Dios de carne y sangre
con lances de macho cabrío
en el incendio irreverente
de mi vientre.

XXI

Ahora, macabro alfarero,
pusiste en mi vientre
tu marca infernal.
Atravesaste
con el puñal de tus manos
-divinizadas en mi mente-
el músculo palpitante.
Cociste mi barro
en el horno del dolor
y la agonía.
Cerré los ojos.
Adentro solo supe
de un calor despiadado.
Afuera
llovía agua y sal
sobre mi rostro inflamado.
Círculo pavoroso
concluido
-blasfemia redentora-
Sobre un colchón.
(Del poemario A Prometeo Encadenada, inédito)