Fotografía por Carlos Ankerman

Gabriela Miranda ha radicado en Guatemala desde hace algunos años y aparte de dedicarse a la formación sobre teoría feminista ha compartido su poesía, la cual se caracteriza por su emotividad y la profunda reflexión sobre diversos temas sociales.

Entre sus referentes literarios cita a Jaime Sabines, Roque Dalton, Margarita Paz Paredes, Otto René Castillo, Idea Vilariño, por la contundencia y sencillez de sus palabras.

“Siempre hubo poesía en mi vida. Me la inculcaron mi padre y mi madre, los libros de poemas que no entendía eran mis favoritos. Me gustaba aquellos que me contaban algo, como un relato escrito de forma misteriosa. Pero comencé tarde a escribir, es decir, a escribir de verdad, con disciplina y trabajo minucioso. Escribo poesía porque me gusta crear imágenes, escribirlas como quien las pinta. Escribo poesía porque encierra la capacidad de decir en dos palabras lo mismo que se puede decir en un libro entero”

De esa forma responde Gabriela respecto a cómo surgió su inquietud por la poesía. Entre los libros que han marcado su vida se encuentran: “Vulva”, de Mithu Sayal, “Pornotopía” de Beatríz Preciado, “A despatraicalizar”, de María Galindo; Guatemala, “Linaje y racismo” de Marta Casaus

poemas

Pasos

Oí tus pasos acercándose
era mi locura y mi delirio lo que los traía
Escuché cuando se alejaban,
esta vez era cierto.

Nos estamos en las cosas frágiles en las que creemos,
en las causas perdidas
en los pedacitos de cielo, de justicia
tan habituados a lo poco.
Ahí tenemos la boca, las manos, tu pecho y los míos.
Un modo cansado y dulce de amarnos.
Y en la madrugada al despertar para la jornada
nos debatimos entre nuestra felicidad y la de otros.
Siempre gana la de todos.
Abismo

De los lugares que no conozco sólo tengo palabras,
como las señoras viejas que guardan recortes de paisajes lejanos,
los pegan en las paredes donde pueden verlos
y son ventanitas para salir volando.
Yo no tengo una casa,
y mis palabras me sirven de techo y manta.
Hay cebolla y un campanario me recuerda la hora.
No pido más.
No tengo falsa modestia de mendrugos.
No moriré de hambre.
Nunca he visto un cerezo ni un hijo,
pero hay tanta lluvia para cerrar mis ojos cuando muera.
Siempre es a la tierra donde caen los muertos
yo no quiero caer en tierra de esclavos.
Lo sé bien. De eso no supongo nada.
Los maniquiés de las tiendas me dan miedo,
me llenan de melancolía.
Me separa del mundo una convicción histórica que tiembla.
El presajio y el atisbo me saben a maíz tostado y a huesos.
Y tú, haces tus cosas con tu ameba dictadura,
yo te veo de lejos.
Frente a lo que es mi vida, tú eres el abismo.

Aún así

Aún así,
quiero que seas tú quien entregue mi cuerpo al camposanto,
quien lo cubra con hojas, maíz y fruta de la temporada
para echar raíces de granadas o mandarinas.
Quien haga una composta con mis huesos
sabrá que este nuestro cuerpo, solo viene,
porque fue tuyo y mío, de nosotros

Como dioses

Yo no quiero vivir siempre en la tierra
me gusta el agua, los ríos, los manantiales,
la tierra es ardua, caliente, empuja.
Yo quiero vivir donde viven los dioses,
en el viento, sobre las copas de las ceibas.
Quiero habitar donde no está permitido,
en los pasajes de la infancia, en lo sueños,
aquí ya no puedo respirar,
no quiero vivir en tierra, es un infierno,
es un dolor insoportable,
me abruma, me pesa, me entierra.

Mierda y oro

Se que todo lo que toco lo convierto en oro,
todo lo que tocas tú lo haces mierda,
el punto es que nos tocamos
y ni el oro ni la mierda alimentan

Chocolates [1]

Esta tierra roja y negra cultivó cacao,
se doró al sol aunque eran granos de estrellas crecidas en árboles cortitos.
Es simple eso de la fruta amarilla del cacao,
también morada y abierta cuando le llega el sol.
Pero más allá del mar, muy lejos, lejisímos de su tierra,
donde se le acabó su cielo estrellado,
el cacao se hizo chocolate
y volvió diluido y costoso,
en cajas finas, detrás de las vitrinas, donde las manos morenas no llegan
porque ensucian y roban.
Y así,
el cacao se hizo guerra
y en la guerra los niños, chocolates.

[1] Durante el conflicto armado interno en Guatemala, el ejercito usaba la palabra chocolate, para referirse a los niños y niñas. Era un código militar, podían escribir en sus informes “murieron tantos chocolates”

 

Gabriela Miranda García, teóloga feminista latinoamericana. De origen mexicano. Realizó estudios en México y Costa Rica. Es formadora en teoría feminista y su quehacer teórico está enfocado en los aprendizajes que tenemos sobre el amor romántico, la sexualidad y el cuerpo y en sus consecuencias y condicionamientos en la subordinación de las mujeres. Es parte del Grupo de Mujeres Ixchel y facilitadora del diplomado de Teoría feminista promovido por este colectivo. Colabora con el Centro Bartolomé de las Casa de El Salvador en el Programa de Masculinidades. Escribe ensayo, poesía y columna de opinión en colaboración con algunos medios de comunicación alternativos como el CMI, Amediacuadra en Colombia y Paquidermo Prensa Rosa en Costa Rica.