No importa si crees o no en Dios y Jesucristo, Semana Santa te va a afectar. Insolación, sustos en el tráfico, goma, náuseas, hueva extrema y mucho calor son algunos de los síntomas de un feriado largo que te hará reconectar, por dicha, con lo insignificante de tu vida. Estés en donde estés, las multitudes te van a recordar el sentido oceánico de la existencia. Es inevitable, sos parte de la masa.

 

Por Anita García Ortíz

 

Para la mayoría de creyentes católicos en Guatemala, Semana Santa es una temporada de intensa actividad litúrgica. La producción de alfombras con la comunidad se vuelve en una fiesta por sí misma y cargar procesiones es la norma. La consideran como una semana para guardar la compostura, reflexionar sobre Jesucristo, dar gracias por su sacrificio, intentar sufrir una mínima parte de lo que él supuestamente sufrió y celebrar su resurrección. En términos mercadológicos, Semana Santa implica un campo fértil para consumidores de verano en donde el nivel de ofertas alcohólicas es tan alta como la cantidad de pecados confesados en la iglesia. Y para el resto de los mortales que guardamos una sana relación con nuestro hígado y el mundo, es simplemente un tiempo para despertar tarde y no hacer nada durante 24 horas. Sea como sea, es una fiesta regida, como todas, por términos económicos.

Semana Santa es también una copia “infiel” de antiguas tradiciones paganas traslapadas con simbologías modernas. En el caso de Guatemala son popularmente conocidas las alfombras pintorescas con barrocos diseños de aserrín, escobas a la manera de cascos romanos y marchas fúnebres que, si aceleráramos un poco los beats, serían cumbias grandiosas.

En un plano histórico, comprender el significado de esta temporada festiva puede tener incluso implicaciones políticas. Nos ocupamos aquí de las similitudes que tienen símbolos específicos entre diferentes creencias y el valor histórico que les otorga su origen. Conocerlo podría provocar reconciliaciones religiosas, veamos por qué:

  • En el almanaque cristiano, Semana Santa se ubica en una etapa posterior al carnaval y a la cuaresma (los cuarenta días, de allí el origen de su nombre, de penitencia y ayuno). Resume la Pasión de Cristo y celebra su resurrección durante la Pascua. En términos astrológicos, se celebraba después de la primera luna llena posterior al 21 de marzo (equinoccio de primavera, momento en el que el sol alcanza su punto más alto en el cielo). ¿Punto más alto del sol, resurrección de Cristo? ¿Jesús como el iluminado? ¿El sol, la luz, Jesús? ¿Soy sólo yo o alguien más puede oler aquí una relación? Sigamos…
  • Fue en el desierto donde surgieron las tres religiones monoteístas más esparcidas en occidente. Los actuales adversarios, judíos, islámicos y cristianos parieron sus dogmas más profundos en el mismo lugar, en medio de la nada. Otro punto de encuentro es la difusión de mensajes espirituales a través de profetas. Pero quizás el que más nos compete aquí es la figura de Jesucristo. Y ya que entramos a territorios paganos, es indispensable conocer sus otros nombres: Apolo para los griegos antiguos (con quien comparte fecha de nacimiento), Osiris en la mitología egipcia, Mitra para los persas y Huitzilopochtli para los aztecas (ambos concebidos por un fenómeno divino). El símbolo solar, la iluminación, la luz es el factor denominador común entre todos. El místico Manly Palmer Hall señalaba claramente: “El sol es, al igual que Jesucristo, el símbolo de la restauración de la vida y la promesa de la eternidad y quizás no sea casualidad que el nacimiento de Jesús haya sido dispuesto en el rango de 3 días que siguen al solsticio, el momento en el que el sol renace”.
  • La crucifixión y resurrección de Jesucristo también son aspectos manipulados a conveniencia a lo largo de la historia de todas las religiones. De manera metafórica es más bien una reflexión sobre la muerte del cuerpo del hombre rumbo a su transformación divina. Para ser dios primero se debe dejar de ser humano. Esta muerte y este renacer espiritual reviste el alma en pureza. Una especie de equivalente al nirvana. En este sentido entonces, ¿qué puede significar la Semana Santa? Quizás una especie de transito ambulatorio de un estado a otro o, en palabras del profesor de estudios islámicos Omid Safi: Estamos en medio de un vientre y una tumba […] todos nos encontramos no muertos, y tampoco resucitados”.

En medio de este limbo semanal, no queda duda alguna… el reconocimiento sobre tradiciones que damos por supuestas y de interpretaciones místicas sobre palabras proféticas, amplía nuestra reflexión y aprovechando el cambio en la cotidianeidad que nos obliga a tomar el alza en divisas que significa la celebración de Semana Santa en el país, meditemos en cómo podemos morir y en qué podemos renacer. Y ya que lo cursi se apoderó de estas letras, inventemos nuestros misterios y compartámoslos celebrando, con o sin cerveza en mano, pero cerca de las personas que amamos. ¡Que todos sus softwares descansen en paz!