Huele a salarios miserables, sudor y cansancio, los pies y los malos alientos, a secretaria que uso perfume después del sexo en un hotel de la esquina y la profundidad en los ojos. No hay almas sino prejuicios. El autobús cambia de ruta y mis intenciones de bajarme son tan débiles que ni me muevo. Son las seis y seis de la tarde, el sol apenas visible, el humo del tráfico se confunde con las luces de los edificios y el color gris de las pocas nubes. Es viernes y siento mugre en las manos, una verga en el culo, necesidad de licor o de ajedrez, aunque no se jugarlo; ganas de cigarros caros.

Por fin llego a la estación, toda la gente se abalanza rápidamente hacia las puertas, me pregunto ¿qué los hace correr? ¿Qué los hace ir de prisa? Soy el último en bajar, con los zapatos llenos de mierda, la ropa ultrajada y dos o tres golpes en la cabeza. ¿Qué circo es está mierda? Me pregunto, es semen también, me respondo; es como la palabra mal escrita, las justificaciones del error, la moral mal vivida.

La noche esta, lo sé, porque ya hay miedo, pasos más largos y silencio en la lejanía. Veo el reloj, no lo entiendo, veo las manos, son extrañas también. Apunto la vista a dos hombres que caminan con características de extranjeros. Me detengo en una vitrina, veo mi sombrero, el traje desgastado, no tengo ojos.

Prendo un cigarrillo, justificó mi existencia y sobre todo mis actuares.

Esta vez siento pesadez y tedio, incomodidad entre las piernas, no sé exactamente a dónde voy, sé que fecha es, pero no entiendo este momento. Hay menos gente que hace cuatro minutos, paso frente a varios bares o cantinas; nunca distinguí la diferencia, entro a una llamada Chi-Lon, no sé qué maldición signifique, sólo sé que quiero cerveza. De nuevo en la avenida, mis viseras hacen un juego de encuentros violentos y un desaparecer corto, árboles, casas, direcciones, una iglesia apagada y un boracho tirado en la puerta.

Simplificando el asunto: decadencia, una peste, mugre en las manos.

Dos chicas trans en el semáforo; Ivonne y Jaira, están de lunes a viernes, los sábados los ocupan para beber en cualquier sitio, a excepción de los de día de pago, pues es cuando hay más clientes, pagando bien y con buena propina (robada por supuesto). Ivonne tiene cuatro años de haber adoptado esa esquina, tiene un hijo con una hija de puta que no le deja verlo, si acaso para navidad por lástima y porque en esas fechas toda la mierda sabe a bondad bien gesticulada. Jaira que en realidad es Mikel tiene poco tiempo de estar en esa esquina, antes trabajaba en un salón, según sus palabras, aún corta pelo, pero no de fijo, el sexo da más dinero, nuevamente según sus palabras. Me besan la boca y me dicen, con cuidado chinito que estas calles son peligrosas, y no vaya a ser que tú seas el suertudo. Esa noche lo fui.

 

Byron Gómez Yoc. 
En las palabras encuentro esa posibilidad de resigni car las cosas; el entorno, los espacios, los cuerpos, el lenguaje en si. LAS PALABRAS LO SON TODO. Poeta, escritor y artista visual emergente.