Por Rosario Jerez

Parlante Feminista “Entre huelgas, vulvas, paros, ceniza, alfombras y flores”

Para este 8 de marzo hay diversidad de acciones planificadas en el marco del Día Internacional de de la Mujer Trabajadora, podemos hablar de movimientos globales como también de actividades a nivel nacional, un 8 de marzo para abrir la garganta y manifestar, eso para quienes trabajan en oficinas de asuntos de la mujer, a nosotras las otras, nos toca trabajar pero eso no nos justifica el mantenernos al margen, ese margen en el que siempre algunas nos hemos mantenido, con la única esperanza de que Martínez nos lleve una flor, ese margen en el que dijimos: “ser mujer es una bendición.” y nos atuvimos a que habíamos sido creadas de la costilla y conformarnos con ser bonitas, dando gracias “porque al final la historia, termina en par.”

Hoy, tal vez (sólo tal vez) tenemos la oportunidad de decir que ser mujer, es una construcción patriarcal, en favor y en pro de un sistema binario (mujer-hombre /solamente) o bien en función de lo masculino, es decir un ser creado, adoctrinado y formado para servir a los hombres y que fuera inferior y normado; pero no me voy a detener en ese punto porque ya sé que a tu lado hay por lo menos un hombre; preguntando ¿Por qué no hay un día del hombre? Cuando ya hay uno asignado, pero no, ellos no lo saben. Hay días en los que pareciera que la brecha de desigualdad es casi inexistente entre hombres y mujeres, sin embargo hay días en los que me asusta y me inquieta, leer sobre “hombres feministas” porque siento invadido mi campo de batalla y no por el enemigo, es más bien porque temo perder el único espacio que realmente encontré fértil para mis manos, mis letras y mis ideas y tenga que volver a ese lugar en donde no quiero ser musa de nadie, porque yo quiero ser la artista.

Y así, cada 8 de marzo escuchamos discursos sobre la “importancia de la mujer para la humanidad” en la voz de un hombre; el empleado del mes o del estudiante destacado de 6to. grado quien exalta nuestra virtud de dar vida, la de ser pilar del hogar pero en pocas oportunidades se exalta la huella de las mujeres en la historia, y cuando se ovaciona; deberíamos estar profundamente agradecidas; aunque no seamos tratadas como humanas y sea esa la aspiración que nos convoca y aunque pareciera que la única opción es negarnos biológicamente o limitar al hombre, se trata más bien de reivindicarnos en un día en el que el legado de las obreras, nos exhorta a la lucha contra la opresión en todas sus formas.

Las consignas están listas, el paro y la huelga para quienes tienen el privilegio de elegir, son un hecho, La Vulva a esta hora, tal vez ya haya recorrido las calles en andas, sobre los hombros de sus devotas; con los oídos sordos y la vista en alto, ante quienes la compararon con la Cofradía del Santísimo Coño de España y para aquellos que con morbo fingieron apoyar la causa, porque también para este tipo de acciones existe un estigma que urge abolir, el cual critica destructivamente todo aquello que cuestione, libere y exponga el cuerpo de las mujeres y que atemoriza con normalizar una sexualidad digna y placentera que permita las posibilidades de la liberación de los cuerpos y de la piel, lejos del dolor, el sufrimiento y el control de las estructuras de dominación como la iglesia o de un estado, que jamás fue laico, en donde con sátiras a muchas nos escribieron “puta” con ceniza en en la frente en un lugar que no quiero recordar, para que horas después nos consternamos por la impunidad en el caso de una mujer blanca, clase alta pero para que días después ni nos preocupemos por el caso de María o el de Juana quienes también derramaron su sangre por la violencia a dos calles de la nuestra, quienes también son humanas y quedarán impunes por falta de pruebas o porque en Guatemala se pretende reformar la Ley contra el Femicidio.

No podemos negar que más allá de ser 8 de marzo, pero ya no el 8 de marzo de 1930 porque ahora las consignas ya se escriben en la piel, aún hay muchos esquemas que romper, es imposible limitar un día como este al tema de la mujer trabajadora porque en las otras dimensiones y espacios de la vida de las mujeres aún hay demasiada tierra por labrar y me resulta inevitable hablar de ese choque tan peculiar de esta época entre esta efeméride y el sincretismo religioso de nuestro país, el cual supongo, no difieren otras culturas pero que marca o más bien refleja un rostro entre colores tonos púrpura, sangre y sacrificios y que sugiere una invitación más que al ayuno, porque en Guatemala se ayuna todos los días; a cuestionar sobre todos los aprendizajes de repente equívocos que giran en torno a la vida misma, sobre la idea que tenemos del amor: la entrega abnegada, el martirio y el sacrificio, dar la vida por amor y que de alguna manera están impuestos en nuestro ser, en nuestra manera de amar y en la manera que amamos lo que hacemos desde el trabajo hasta la cama pero sobre todo en el imaginario colectivo, porque ese día de Carnaval a Miércoles de Ceniza me recuerda mucho a un “nosotros después del amor” con algo de felicidad y placer, con algo de culpa, con algo de frío, con algo de arrepentimiento y algo de miedo; ni ateos se salvan porque esas cosas ya están en el cuerpo.

Pero no todo es tan oscuro porque el miedo a la oscuridad, también es un aprendizaje patriarcal, al menos en los últimos días la palabra “aborto” ya se dice con más ganas que con miedo, el qué de las ganas, ya corresponde a cada quién y sus conveniencias.

Rosario Jerez. (1991) Poeta feminista. Hermeneuta de la melancolía y romántica sin causa.