Escuchar la música de la corriente dominante, es habituarnos a una zona de confort / Por Fabrizio Quemé
 
 
Las únicas veces que escucho la radio es cuando accedo desde mi “teléfono inteligente”, para ignorar a a los predicadores que gritan dentro del transporte público. Desde hace muchos años ya no escucho regularmente la radio porque aparte de estar consciente de su agenda manipuladora y comercial; su programación musical es la misma de hace décadas: la música mainstream o de la corriente principal.
 
Agradezco vivir en una época en que es posible acceder a la música en formatos digitales, esto, a mediante las distintas plataformas como las de streaming. Con estas nuevas tecnologías se ha democratizado el acceso a distintas propuestas musicales.
 
Aunque también reconozco que este también es un privilegio al que lastimosamente muchas poblaciones aun no tienen acceso.
 
Por desgracia, la música de la corriente dominante también está presente en estas plataformas digitales, me guste o no. Creo que el meollo del problema es que las audiencias demandan este tipo de productos digeribles: música sexista, simple, repetitiva y muchas veces hasta “ultracachureca”; y la industria cultural esta lista para ofrecerla masivamente por cualquier canal.
 
La música que pone a disposición la corriente principal, se ha convertido en una especie zona de confort, donde las audiencias se vuelven una especie de zombis, sin apertura a otro tipo de propuestas sonoras y mucho menos para buscarlas. Para muchos resulta cómodo escuchar lo mismo sin cuestionar nada.
 
Probablemente necesitamos un poco más de curiosidad y apertura para descubrir nuevos sonidos. La escena musical guatemalteca (todavía en pañales) tiene muchas propuestas que ofrecer y no haré recomendaciones de solistas o bandas, ya que cada quien conoce el ritmo que le va escuchar y cual no.
 
Por lo tanto, es vital mantenernos en constante búsqueda y tener apertura para acceder a propuestas alternativas dentro de la música. Nuestras experiencias pueden cambiar desde sintonizar otras emisoras en línea (omito las radios tradicionales por obvias razones), y finalmente, asistir a conciertos y recitales de música original (dejemos los covers a un lado y a las bandas sobrevaloradas).