En esta ocasión la sección de Puros Cuentos esta dedicada a una talentosa narradora de Guatemala, Marilinda Guerrero. Quien posee ya varias publicaciones de cuentos, entre las cuales se encuentran: el libro Voyager, el cual fue presentado este año y ha situado a Marilinda Guerrero como una de las narradoras más destacadas del país.

 

Cola de supermercado

Elmer murió de un infarto dentro de su carro y despertó haciendo cola en un supermercado. Delante de él, miles de personas estaban siendo separadas por el jefe de personal en distintas cajas de cobro.

  • Nombre completo, le dijo el jefe de personal, viéndolo directo a los ojos.
  • Elmer Estuardo Cifuentes Roldán.

El jefe de personal revisó un pesado libro que llevaba colgado al cuello.

—Pase a la caja 28, sección de tráfico. Señaló con su dedo índice la ubicación.

Elmer se dirigió por los pasillos repletos de víveres, licores, medicamentos, películas, libros, golosinas, “Sección de tráfico.” Allí, había una serie de divisiones y cajas de cobro, además de personas haciendo fila para ser atendidos. Llegó a la caja 28, estaba vacía. En la pared había un rótulo que decía

“Debido a desperfectos en la caja de cobro, favor dirigirse a la sección de velocidad, caja 25”

Caminó hasta llegar a la sección de velocidad que estaba más concurrida que la sección anterior. Delante de él iba una familia, todos iban en silencio.

  • Disculpe, ¿esta es la cola para la caja 25?
  • Respondieron todos a la vez.

La canción I’m singing in the rain sonaba en el ambiente. Elmer trató de recordar. Estaba dentro del carro en el tráfico, lo había apagado mientras enviaba un mensaje de texto y de pronto sintió un dolor muy fuerte en el pecho. ¿Habría tenido un infarto? Recordó el  desmayo justo cuando una patzunera que iba a toda velocidad se salió de la ruta y lo arrastró varios metros. ¿Acaso él fue el único que había muerto en el accidente?

“A los muertos del accidente no.2657891 rutas Rebuli, Patzun, Chimaltenango, Guatemala, favor dirigirse a la caja número 25, área de tráfico, sección velocidad”

Elmer se vió rodeado de aproximadamente unas cincuenta personas confundidas hablando en distintos idiomas mayas. La fila aumentó de forma considerable y de pronto lo llamaron al celular.

Extrañado, contestó.

  • ¿Aló?
  • ¡Elmer qué ondas vos! Voltea a ver a tu derecha

Elmer volteó a ver y vió a Carlos, ex compañero de estudios que hacía cola hacia la caja 14, área hospitales, sección accidentes  insólitos.

  • ¿Y vos? ¿Qué te pasó?
  • Me fracturé una pierna y me llevaron de emergencia al hospital San Juan de Dios, me tomaron radiografías, hicieron exámenes y cuando me llevaban a sala de operaciones, el elevador se desplomó y fui el único muerto. Serví de colchón para el médico residente y la enfermera.
  • Mano, es que las cosas están fatales en Guatemala verdad.
  • Hay ya que pisados, ya muertos muertos. Ahora salir de esta cola, hay nos vemos, parece que me toca pasar a la entrevista.

“Señor Elmer Estuardo Cifuentes Roldán por favor pase a servicio al cliente, señor Elmer Estuardo Cifuentes Roldán por favor pase a servicio al cliente”

Elmer salió de la cola para atravesar de nuevo los inmensos pasillos repletos de víveres, licores, medicamentos, películas, libros, golosinas. Llegó a la puerta de servicio al cliente, tocó.

  • Pase adelante.

Al entrar, encontró una mesa gigantesca que además de tener un aspecto grotesco y de altura extraordinaria, un ser lo observaba de arriba hacia abajo, pies a cabeza.

  • Siéntese. Dijo, en medio de la saliva que brotaba de sus fauces.

Elmer se sentó en la minúscula silla destinada para el acusado.

  • Usted ha sido enviado a este departamento debido a que hay ciertas anomalías en su muerte. Parece ser que le dio un infarto al miocardio minutos antes de haber causado la muerte de cincuenta personas que iban en el autobús de las rutas Rébuli de Patzún, Chimaltenango hacia la capital de Guatemala.
  • Quisiera hacer una consulta
  • Usted aquí no está para consultas, aquí está para obedecer. El tribunal ha decidido exculparlo de la muerte de estas personas, sin embargo debe siempre pasar por un proceso de selección para aplicar a la terraza o al sótano del supermercado. Le comento que deberá presentarse a la puerta número 198, allí llenará un formulario de aplicación que será sometido al comité de vecinos y ellos determinarán si puede subir las escaleras o deberá bajarlas. Puede retirarse

Elmer salió de la oficina y se encontró en medio de ese mar de piernas, manos, cabellos, sudor, calor. Todos hacían fila hacia algún destino oculto. Buscó la puerta 198 y se dirigió hacia ella, esperando ser aceptado.

 

Tickets ready (del libro Voyager)

Mientras iba sentada en el sillón del tren que me llevaba de la estación central hacia la estación del sur, observé cómo entró un gato de color rojo caminando en dos patas. Llevaba el periódico del día y dos pequeñas maletas peludas. Buscó su asiento, se sentó y colocó el periódico en la mesa frente a él. El tren arrancó y siguió su ruta. El gato leía el periódico con absoluta naturalidad. No pude evitar verlo sorprendida. Tickets ready mostró una pequeña pantalla. Pasarían en unos  momentos a chequear los boletos. Nunca he entendido por qué  los revisan cuando el tren ya ha avanzado un gran trecho. Si hubiera olvidado el mío, ¿qué hacen? ¿Detienen el tren y me bajan? A veces creo que los europeos son demasiado confiados.

El silencio de todos en el vagón del tren permitía escuchar el sonido del viento que chocaba contra la velocidad y las ruedas contra los rieles. El paisaje era hermoso. Mucha pradera verde y cielo despejado. Se lograba apreciar el contraste de la arquitectura de lo urbano con lo rural.

El gato rojo comenzó a ronronear mientras se acicalaba. Subía la pata y se lamía las axilas. Entró al vagón el muchacho que chequeaba los tickets. Llevaba puesto un uniforme gris y un sombrero muy chistoso. Se acercó a los nuevos pasajeros, los marcó. Se acercó a mí, lo marcó. Se acercó al gato, le pidió el boleto  y el gato maulló. El muchacho lo observó serio. Le dijo que no era posible que no lo tuviera. Entraron en una acalorada discusión y yo observaba embobada.  El gato maullaba y él contestaba. Observé que los demás pasajeros murmuraban que siempre era lo mismo con los gatos rojos, que eran unos tramposos porque la mayoría no pagaban cuando se subían. El muchacho llamó por medio de un walkie talkie al encargado. Llegó un señor serio y con traje negro. Le habló al gato de forma pesada y él, molesto, sacó su tarjeta de crédito y pagó. El muchacho le extendió el boleto y le deseó una feliz tarde y un buen viaje. El muchacho y el encargado salieron del vagón. El gato se quedó sentado viendo hacia la ventana maullando molesto. El tren se detuvo en la estación del sur y bajé. El gato seguía viendo al horizonte. Al cerrarse las puertas, me quedé un rato parada frente a las vías del tren.

 

Marilinda Guerrero Valenzuela (1980)

Ha publicado los libros de narrativa Relatos de sábanas (Letra negra 2011), Escenarios de un mundo paralelo (Letra negra 2012) Voyager (Subversiva 2015) y el poemario Todos tenían derecho a estar presentes (Editorial Cartonera Alambique 2014). Fue incluida en la Antología Cuerpos, relatos eróticos por mujeres (F&G editores 2015). Le gusta el café fuerte con dos cucharadas de azúcar. Cuando se levanta por las mañanas se mira en el  espejo y saluda a su otra personalidad.