Lucía León es una escritora, gestora cultural y periodista guatemalteca. Entre sus principales influencias literarias se encuentra la poeta argentina Alejandra Pizarnik. De su labor periodística destaca haber colaborado para la revista cultural, Magacín de Siglo 21.

En 2010 dirigió Poesía Espiral, un proyecto literario en colectivo junto a otros(as) poetas del cual surgió la antología Caleidoscopios Urbanos. Sus textos también han sido publicados en otras revistas como Te prometo anarquía y Overol.

La fuerza que guarda la poesía de Lucia León no solo es evidente al leerla, basta con escucharla para apreciar como da vida mediante la palabra hablada a cada uno de los ingeniosos versos que escribe. Recientemente participó junto al colectivo Literatas que dan lata en el Microfestival Poetas Guatemala, realizado el pasado 2 de abril en distintos puntos del Centro Histórico de Guatemala.

poemas

Se me perdió la cadenita

Quisiera escribirte mil versos iluminados lejos de la solemnidad.
Expulsar por la ventana estas formas acartonadas y perder la cabeza por tu amor
Permitir que la luna llene mi alma de cumbia
Bailar con El Supermán toda la noche para salvarme de tu recuerdo
Dejar de ser la roca que golpea las olas
Ahogar las penas en la cu-cu-cumbia mientras busco una cadenita
Perderme entre mi remix musical de zapping global
Despojarte la cotidianidad
Imaginar a tu lado seis cosas imposibles antes del desayuno.
Robarte mil sonrisas para colocarlas en una vitrina.
Sin tantita pena.
Vuelve a creer. Déjate caer.
Gritemos todos juntos para que después no duela tanto.
Quitémosle el sentido a las palabras. Prohibamos las bonitas que endulzan oídos incautos. Esas que pierden el eco en tu silencio.
Apúrate.
Ven antes de que sólo nos queden las ganas y la idea de una promesa se resbale por mi piel.

 

Bajo advertencia no hay engaño
Algunos me han dicho que parezco una muñeca.
Delicada y pequeñita.
Pero eso no implica que puedas jugar conmigo.
También me quiebro.
Sufro.
Lloro cuando me duele el alma.
Trato de caer de pie como lo hacen los gatos.
Para que nadie note que esta muñequita se cansó de saltar.

Implosión

Cuando las galaxias lleguen al mar verás que la playa se extenderá sobre las olas.
En ese instante, los bosques irradiarán de miel.
Comprenderás que las nubes buscan abrigo.
Una vibración será suficiente para navegar sin rumbo fijo.

No temas.

Cuando el silencio se derrumbe y se esconda el volcán,
sabrás que el mar puede contraerse y ahogar al sol.
También te preguntarás dónde dejaste tus nubes; dónde quedaron tus valles.

Cuando todo esto acabe sólo quedará una estrella naufragada,
una pelota roja flotando, retazos de viento y palabras desencajadas.

No temas. Sólo asegúrate de bailar cuando el resplandor te alcance.

Cantar es ruido

Soy un proyecto de análisis en construcción.

Y de repente, todo el mundo se deposita en tu frente y debes andar con el peso de mil generaciones sobre tu cabeza.

Una mañana de espalda al infinito, reflejos rojizos y las ganas de ser aire.

Ven, vamos a coleccionar estrellas y a diseccionar colores.

Bicicleta con sonido de lluvia
Timbre con sonido de gota
Una tormenta de serpentinas de colores.

Guárdame para mañana.


Fuimos eternos cuando pasaban siete minutos después de la medianoche.

El universo estaba encerrado entre cuatro paredes y una base temblorosa.

¿Y si corremos hacia la última caricia cuando la noche se levante sobre nuestros hombros?

 

En 387 caracteres

Te recuerdo desde un punto suspensivo.
Pausa silenciosa entre el eco y mi voz.
El signo de interrogación analiza
cada trazo olvidado.
Quisiera alejarme de las tildes y exclamaciones.
Ser punto y seguido en tu hoja ya no es suficiente;
tampoco quiero conformarme con una coma.
Las curvas perfectas del paréntesis me cobijan desde hace algunos caracteres.
Parece que me convertiré en una nota al pie de la página;
un asterisco para la memoria.
El espacio en blanco muere poco a poco.
Punto y aparte.
Empieza un párrafo sin ti.

(Publicado en la antología Caleidoscopios Urbanos, 2010)

Marcha Perenne

Aquí vamos los incompletos.
Nuestros pasos penden de un hilo.
Somos los equilibristas de la tragedia.

Esta es la ruta por la que pasan los condenados.
Vamos arrastrando el dolor a cuestas con la mirada perdida.

Estamos malditos de odio y rencor.
Somos ese punto que nadie se atreve a borrar.
Los que nadie nombra cuando la foto está a punto de ser tomada.

La ignorancia arrastrada en coloridos buses.
Un vacío helado que no desaparece.
Somos esa llaga que se refleja en el retrovisor.