El olvido, dijo Jorge Luis Borges, forma parte de la memoria; no es un acto consciente que el ser humano practica adrede, sino más bien un acto natural que nos salva del abismo.

Necesitamos, pues, olvidar constantemente para continuar, recordar “todo” sería escribir interminablemente sobre la misma página escrita, en todo caso, lo anterior (y lo actual) sería ilegible. Ésta premisa, la del olvido (pero también la de la memoria) es la fuente que utiliza Fernando Vérkell para escribir El sendero del árbol enjaulado.

Dividido en tres secciones, el texto presenta un collage de narraciones (pensamientos, poemas y estampas) que nada tienen en común, salvo que mientras alguien olvida, en otro lugar otros recuerdan. En “Cartografías” un hombre se aferra a las palabras escritas por un remitente que ya no está, acción que le devuelve el pasado para transformarlo, efímeramente, en presente; en “Forevermore” alguien (¿el mismo hombre?) solicita no ser olvidado al tiempo que él olvida y en “Pequeño poema Zen” comprendemos que la verdadera libertad, no la física, proviene de una tregua entre la memoria y el olvido; aceptar una postura invariablemente nos predispone a vivir con su opuesto.

El sendero del árbol enjaulado nada tiene que ver con Guatemala y es probablemente su mayor atractivo. Fernando Vérkell está poco interesado por la violencia cotidiana del país, la corrupción desbordante y los temas baladíes, tan comunes en el imaginario colectivo guatemalteco. Su principal función es escribir bien. Escribir historias sencillas que posean la fuerza necesaria para detenerse, brevemente, frente a nosotros y luego alejarse, como todo en la vida

“El sendero del árbol enjaulado” de Fernando Vérkell se presenta el 2 de diciembre a las 17:30 hrs. en Caravasar (6ta avenida 8-35 Zona 1 Pasaje Rubio Local 8, Ciudad de Guatemala). Entrada libre.

 

 

Edwing Marroquín. Licenciado en Letras por la Universidad de San Carlos de Guatemala. Co –editor de la revista Mandrágora. Ha publicado cuentos y poemas. Lector.